Wednesday, 27 February 2013


Un rayo del sol brillante entraba por las persianas y disturbió su sueño profundo. Al abrir los ojos se dio cuenta de que la resaca todavía no había hecho efecto o todavía estaba borrocho- fuera como fuera, se sentía veinte veces mejor que se había sentido ayer. Trató de darse una vuelta para evitar el rayo que estaba penetrando sus ojos, sin embargo brincó de la cama cuando se dio cuenta que había una mujer desconocida y desnudo haciendole mimos a su lado.

¿Mejor que te vayas eh?” La dijo en un tono amenazador, dándola un empujón.

¡Eh! ¡Pára!¿Vamos a desayunar como me prometiste ayer, no?” Le dijo en una voz quejosa.

La voz quejosa se acordó de las centenas de mujeres despreciables que había traído a su casa después de un noche de fiesta para nada más que tener sexo sin propósito. Era siempre la misma situación: él no quería nada más que la chica se fuera y la chica ya tenía planeado su boda. En su profesión no era tiempo ni espacio para sustener relaciónes estables. Los negocios eran demasiado peligrosos, no quería correr el riesgo de complicar las cosas, perder absolutamente todo y acabar en la cárcel.

 “No te prometí nada,¡que te vayas!¡Puta!”, tirándola su ropa promiscuosa.

Justo cuando la chica se fue, su telefono empezó a tocar. Lo agarró y empezó a leer las tres nuevas mensajes de ‘NO CONTESTES, La rubia y ‘Julia’:

NO CONTESTES: hola guapo, cuando me vas a responder, ya te mandé un montón de mensajes, te extraño.

La Rubia: Que noche ;)

Julia: Por favor contestame, te necesito :(

Borró las mensajes molestas aunque vaya a romper aún más corzaones, a él no le importaba. Le preguntó si estas mujeres creían de verdad que tenían un chance con él, porque claro que no tenían ni un chance. Para él no existía un mujer que era suficientemente buena para él ni menos demasiado buena para él. La única y la última mujer que intentó a resultar mejor que él acabó muerta, entonces no era una buena idea toquetear su mente ni su corazón.

Thursday, 21 February 2013

Zapatos


Mientras bajaba las escaleras cojeando, miré rápidamente a las botas que se sentaban al final, tan inocentemente, tan engañosamente. Paso a paso la alfombra rascaba a las plantas de mis pies. Nunca me imaginaba que unas botas que me sirvieron por años me traicionaran como si me resentieran por arrastarlos por lluvia, viento y nieve. Nunca me imaginaba que unas botas que mis padres me compraron por viente libras míseras, tomaran venganza por los años que las sujetaba a abuso de correr por charcos mugrientos.

Acerqué a las botas enlodadas, ya no parecían las botas tentadoras que atraían todas las miradas de las chicas celosas en mi clase, ya no resplandecían con cada pasito, ya no me sentía orgullosa cuando las llevaba. En vez de tentadoras eran repulsivas, en vez de atraer miradas, atraían las moscas, en vez de sentir orgullo, su presencia me cargaba.

Agarré una de las botas por el cordon crujiente, el barro seco se desprendió en mis manos sedosas y manchó mi piel pálido. Arrojé la bota hacia el suelo y la tierra seca se dispersó por todos lados. Deslizé mi pie hinchado en la bota izquierda y chillaba mientras el parte de atrás de la bota frotaba mi talon como si fuera papel de lija cortando mi piel en tiras. Finalmente apiñé  mis pies incomodomente en las botas, mis pies se sentían aprisionados y claustrofobicos como si fueran una pieza sin pareja de una rompecabezas. Mientras me movía los pies lo más que podía el agua correoso chapoteaba entre mis dedos sudorosos. Su olor acre y el agua correoso que quedaba en las suelas me acordaba del la excursión monótona de ayer.

Trataba de caminar, sin embargo el agua se filtraba por las suelas, mis dedos ya no se sentían como estuvieran adjuntados a mis pies y ardían mis talónes con cada paso. Las lágrimas empezaron a caer por el rostro y me sentía un nudo en la garganta al pensamiento que tendría que caminar por las montañas soportando este dolor insoportable.

¿Lista?” Me preguntó mi madre.

“No…no vengo.” Le dije con miedo que iba a destruir su día.

¡Claro que vienes!”

Iluminó su cara y me presentó dos botas impresionantes que brillaban más que nunca. Ya olvidé de la carga de las botas viejas, puse las botas nuevas y salí corriendo de la puerta lista para el día maravilloso.